Todos los lunes de verano, a las siete de la mañana, Antonio llega al parque del Retiro de Valladolid con su carro de limpieza. Es barrendero municipal desde hace veinte años y conoce cada rincón del parque. Pero los lunes son su peor día de la semana. Después del fin de semana, el césped está cubierto de basura: latas, botellas de plástico, bolsas, servilletas, colillas e incluso barbacoas desechables.
«Un domingo de julio, recogimos más de trescientos kilos de basura solo en la zona del lago», cuenta. «Y había papeleras vacías a diez metros». Lo que más le molesta no es el trabajo extra, sino la falta de respeto. «La gente viene aquí a disfrutar de la naturaleza y luego la deja así».
El problema no es solo estético. Los pájaros y los patos del lago se comen los restos de comida y los plásticos. Las colillas contaminan el suelo y el agua. Y los cristales rotos son peligrosos para los niños y los perros.
El verano pasado, un grupo de vecinos decidió hacer algo. Lo organizó Patricia, una madre que se cansó de encontrar cristales en la zona de juegos de su hijo. Crearon un grupo en una aplicación de mensajería y empezaron a quedar los domingos por la tarde para recoger basura. También hablaron con la gente que hacía picnic, de forma amable, pidiéndoles que se llevaran sus residuos.
El ayuntamiento también reaccionó. Instaló más papeleras y contenedores de reciclaje, puso carteles con mensajes como «Tu basura, tu responsabilidad» y aumentó las multas por tirar basura al suelo. Además, organizó una campaña en los colegios para que los niños aprendieran a cuidar los espacios públicos.
Los resultados se notan, aunque poco a poco. Este verano, Antonio dice que los lunes recoge más o menos la mitad que el año anterior. «Todavía queda mucho por hacer», reconoce. «Pero ahora veo a familias que se llevan una bolsa para su basura. Eso hace un año no pasaba».