Desde hace doce años, Rebeca trabaja como enfermera en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Santander. Le apasiona su trabajo, pero es durísimo: turnos de doce horas, noches, fines de semana y la responsabilidad de cuidar a pacientes en estado muy grave. Desde que nacieron sus gemelas, hace cuatro años, cada vez le cuesta más compaginarlo todo.
El mes pasado, el hospital ofreció a varias enfermeras la posibilidad de pasar de jornada completa a media jornada. Rebeca lleva semanas pensando qué hacer, y ha hecho una lista con los pros y los contras.
La principal ventaja de trabajar a media jornada sería el tiempo. Podría llevar y recoger a sus hijas del colegio, estar con ellas por las tardes y descansar más. Últimamente duerme mal y se siente agotada. Una compañera que redujo su jornada el año pasado le dice que ha recuperado la energía y que incluso disfruta más de su trabajo. «Llego con ganas, no contando las horas que me quedan», le explicó.
Pero los inconvenientes también son importantes. El más evidente es el dinero: su sueldo bajaría a la mitad, y con la hipoteca y los gastos de las niñas, no sería fácil. Además, cotizaría menos a la Seguridad Social, lo cual afectaría a su pensión en el futuro. Otro aspecto que le preocupa es perder práctica. En cuidados intensivos, las técnicas y los protocolos cambian constantemente, y teme quedarse atrás.
También está la cuestión del equipo. La unidad ya tiene falta de personal. Si ella reduce su jornada, sus compañeras tendrán que cubrir más turnos, y no está segura de que el hospital vaya a contratar a alguien para sustituirla. «Me sentiría culpable dejándolas con más trabajo», confiesa.
Su marido, que es bombero, también tiene horarios complicados. Rebeca ha hablado con la supervisora de la unidad, que le ha propuesto una tercera opción: reducir su jornada al setenta y cinco por ciento, sin hacer turnos de noche, durante un año de prueba.
Rebeca todavía no ha decidido, pero cree que esa podría ser la solución. «Lo importante es no tener que elegir entre ser buena enfermera y ser buena madre», dice. «Quiero poder ser las dos cosas sin estar siempre agotada».