Nunca se había visto tanta gente en el salón de plenos del ayuntamiento de Nerja. Más de cuatrocientas personas se apretaban en una sala preparada para ciento cincuenta, y otras tantas seguían la reunión desde la plaza, a través de una pantalla. El motivo: el proyecto de construir un hotel de cinco estrellas y doscientas habitaciones en una de las últimas playas sin edificar del municipio.
El alcalde abrió la sesión defendiendo la propuesta. Según explicó, el hotel crearía unos trescientos puestos de trabajo durante todo el año, algo muy importante en una localidad donde el paro sube mucho en invierno. «Nuestros jóvenes se tienen que ir porque aquí solo hay trabajo en verano», dijo. Además, la empresa promotora se comprometía a construir un paseo marítimo y un aparcamiento público.
En cuanto terminó, empezaron los abucheos. La primera en intervenir fue Carmen Navas, portavoz de una plataforma vecinal contra el proyecto. Con voz firme, recordó que la playa es una zona de gran valor ecológico, donde anidan aves protegidas, y que el hotel ocuparía terrenos que deberían ser públicos. «Ya hemos destruido gran parte de nuestra costa con cemento. Si seguimos así, los turistas no tendrán nada que ver», afirmó. Recibió un aplauso larguísimo.
Sin embargo, no todos estaban de acuerdo con ella. Un pescador de sesenta años pidió la palabra y explicó que sus dos hijos trabajaban fuera de la provincia. «Es fácil estar en contra cuando tienes un trabajo fijo», dijo, mirando a la portavoz. Hubo murmullos y algunos gritos, y la concejala que moderaba el debate tuvo que pedir calma varias veces.
También intervino una bióloga de la universidad de Málaga, que presentó un informe sobre los posibles efectos del hotel en la fauna de la zona. Propuso estudiar otras ubicaciones, como un antiguo terreno industrial abandonado a dos kilómetros de allí.
Después de tres horas de debate, el alcalde anunció que el ayuntamiento no tomaría ninguna decisión hasta que se hiciera un estudio de impacto ambiental independiente. También se comprometió a estudiar la propuesta de la bióloga.
Al salir, las opiniones seguían divididas. Pero muchos vecinos coincidían en algo: hacía años que no veían a tanta gente interesada por el futuro del pueblo.