Cuando terminó el bachillerato en Cartagena, Elena no sabía qué quería estudiar. Sus padres insistían en que se matriculara en la universidad, pero ella sentía que necesitaba tiempo. Una prima suya le habló de una experiencia que había cambiado su vida: trabajar como au pair. Es decir, vivir con una familia en el extranjero, cuidar a sus hijos y ayudar en casa a cambio de alojamiento, comida y un pequeño sueldo.
Elena se inscribió en una agencia y, tres meses después, encontró una familia en Dublín: Siobhan y Patrick, una pareja de médicos con tres niños de dos, cinco y nueve años. Se conocieron por videollamada y enseguida hubo buena conexión. En septiembre, Elena cogió un avión con dos maletas y un nudo en el estómago.
Las primeras semanas fueron más duras de lo que esperaba. Aunque había estudiado inglés en el instituto, el acento irlandés le parecía otro idioma. Los niños hablaban rapidísimo y el pequeño lloraba cada vez que sus padres se iban. Además, echaba muchísimo de menos a su familia, el sol de Cartagena y, curiosamente, el pan. «Allí el pan es todo de molde», se queja riéndose.
Su rutina era intensa. Por la mañana cuidaba al pequeño y, por la tarde, recogía a los mayores del colegio, les ayudaba con los deberes y jugaba con ellos. Tenía libres las mañanas de dos días y todos los fines de semana, que aprovechaba para ir a clases de inglés y viajar por la isla.
Poco a poco, todo mejoró. Los niños empezaron a quererla y a pedirle que les enseñara palabras en español. Siobhan y Patrick la trataban como a una más de la familia. En su escuela de idiomas conoció a otras au pairs de Italia, Brasil y Corea, con quienes formó un grupo inseparable.
El año pasó volando. Cuando llegó el momento de irse, toda la familia la acompañó al aeropuerto, y la niña mayor le regaló un dibujo con todos ellos. Elena lloró durante todo el vuelo.
Ahora estudia Magisterio de Educación Infantil en Murcia, algo que descubrió en Irlanda que quería hacer. Habla inglés con fluidez y vuelve a Dublín cada verano. «Me fui sin saber qué hacer con mi vida», dice. «Volví sabiéndolo».