Cada noche, a las ocho y media, cuando la panadería La Espiga cierra sus puertas en un barrio de Valladolid, sobran entre veinte y cuarenta barras de pan, además de croissants, magdalenas y empanadas. Durante años, Toñi, la dueña, tiraba casi todo a la basura. «Me dolía en el alma», reconoce. «Mi madre, que vivió la posguerra, decía que tirar pan era pecado».
Hace dos años, su hija le habló de una aplicación para móvil que conecta a tiendas y restaurantes con clientes que quieren comprar comida que no se ha vendido. El funcionamiento es sencillo: la tienda prepara una bolsa sorpresa con los productos del día y la pone a la venta en la aplicación a un precio mucho más bajo, normalmente un tercio del precio original. El cliente la reserva, la paga por el móvil y pasa a recogerla en una franja horaria concreta.
Toñi tenía dudas. Pensaba que sus clientes habituales dejarían de comprar a precio normal y esperarían a la noche. Pero decidió probar durante un mes.
El resultado la sorprendió. Cada noche vendía todas las bolsas, a cuatro euros cada una, en menos de una hora. Y sus clientes de siempre no cambiaron sus costumbres. Al contrario: llegaron clientes nuevos, sobre todo estudiantes y gente joven que vivía en el barrio pero nunca había entrado.
Ahora La Espiga casi no tira nada. Lo que no se vende en la aplicación, Toñi lo dona los lunes y los jueves a un comedor social de la parroquia. «Es mejor para el planeta y también para el negocio», dice. Según sus cálculos, ha recuperado unos trescientos euros al mes que antes perdía.
No todos están convencidos. Un panadero de la misma calle opina que estas aplicaciones acostumbran a la gente a pagar menos por el pan y que el problema de fondo es producir demasiado. Toñi admite que tiene parte de razón: desde que usa la aplicación, también ha aprendido a calcular mejor cuánto debe hornear cada día.
Para Marcos, un estudiante de Enfermería, la bolsa es un pequeño lujo diario. «Por cuatro euros desayuno toda la semana», cuenta mientras recoge su bolsa. «Y encima, ayudo a no desperdiciar».