Cuando Rubén terminó el bachillerato en un instituto de Gijón, todos sus amigos se fueron a la universidad. Él no. Desde pequeño le apasionaban los motores y pasaba los fines de semana ayudando a su tío en un taller de motos. Tenía claro que quería ser mecánico, pero no quería pasarse años solo estudiando teoría. Por eso decidió buscar una plaza en una FP dual de Electromecánica de Vehículos.
La FP dual es un tipo de formación profesional en la que los alumnos combinan las clases en el centro educativo con el trabajo en una empresa. Durante dos años, pasan una parte del tiempo en el aula y otra parte en un taller real, con un contrato y, a menudo, un pequeño sueldo.
El primer paso fue la preinscripción en el centro de formación, en junio. Había veinte plazas y más de sesenta solicitudes, así que Rubén estaba nervioso. Las plazas se asignaban según la nota media del bachillerato, y la suya era un siete. Al final, entró en la lista de admitidos por muy poco.
Pero eso no era todo. Para la parte dual, cada alumno tenía que encontrar una empresa colaboradora. El centro tenía una lista de talleres que habían participado otros años, pero no había sitio para todos. Rubén preparó un currículum sencillo, con sus estudios y su experiencia con su tío, y escribió una carta de motivación explicando por qué le gustaba la mecánica.
En septiembre visitó personalmente nueve talleres. En algunos ni siquiera lo atendieron. En otros, le dijeron que ya tenían un aprendiz. En uno, el dueño le preguntó directamente: «¿Sabes cambiar el aceite de un coche?». Rubén se lo explicó, pero el hombre le dijo que no tenía presupuesto para pagar a nadie.
El octavo taller fue el bueno. La jefa de taller, Begoña, le hizo una pequeña entrevista y le pidió que identificara varias piezas de un motor. Rubén acertó casi todas. «Me gusta tu actitud», le dijo ella. «Empezarás en octubre».
Ahora Rubén va tres días al centro y dos al taller. Gana cuatrocientos euros al mes y ha aprendido más en tres meses que en años de teoría. Sus amigos de la universidad, a veces, le tienen un poco de envidia.