Yasmina tiene veinticuatro años y nació en Lleida, pero sus padres son de un pueblo del norte de Marruecos. En su casa siempre se ha hablado árabe dariya, el árabe de Marruecos; en el colegio, catalán; y con sus amigos, una mezcla de catalán y castellano. «De pequeña pensaba que todo el mundo hablaba tres idiomas», recuerda riéndose.
Sin embargo, crecer entre dos culturas no siempre fue fácil. Cuando empezó el colegio, a los tres años, casi no hablaba catalán. Durante los primeros meses estaba muy callada y algunos profesores pensaban que era tímida. En realidad, simplemente no entendía lo que pasaba a su alrededor. Pero los niños aprenden rápido, y a los seis años ya hablaba catalán mejor que sus padres.
Eso, a veces, creaba situaciones extrañas. Con solo ocho años, Yasmina tenía que acompañar a su madre al médico para traducirle lo que decía el doctor. También leía las cartas del banco y del ayuntamiento. «Me sentía importante, pero también era una responsabilidad muy grande para una niña», dice.
En la adolescencia llegó una etapa más complicada. En el instituto, se sentía diferente de sus compañeros por su nombre, por su religión o porque no podía ir a algunas fiestas. Y cuando iba de vacaciones a Marruecos, sus primos se reían de su acento y la llamaban «la española». «No era de aquí ni de allí», resume. Durante un tiempo, incluso se negaba a hablar árabe en casa.
Todo cambió en la universidad, donde estudió Traducción e Interpretación. Allí descubrió que su situación, en lugar de ser un problema, era una ventaja enorme. Sus profesores valoraban su capacidad para moverse entre lenguas y culturas. Empezó a ver su identidad de otra forma: no como dos mitades que no encajaban, sino como algo más rico.
Hoy trabaja como intérprete en los hospitales de la ciudad, ayudando a pacientes que no hablan español ni catalán. Muchas veces ve en la sala de espera a niños que traducen para sus padres, como hacía ella. «Me alegra que ahora ellos no tengan que hacerlo», dice.
Cuando le preguntan de dónde es, ya no duda: «Soy de Lleida y de Marruecos. Las dos cosas a la vez».