En enero, después de ver unas imágenes de una playa llena de basura, Clara decidió hacer un experimento: pasar un mes entero sin comprar nada envuelto en plástico. Vive con su pareja y su hijo de seis años en un piso de Santander, y hasta entonces llenaba un cubo amarillo de envases cada dos días. «Me parecía imposible, pero quería saber hasta dónde podía llegar», explica.
La primera semana fue un desastre. Fue a su supermercado de siempre y descubrió que casi todo venía en plástico: la fruta en bandejas, el queso envasado, el pan de molde, la pasta, el arroz, incluso los pepinos. Salió con muy pocas cosas y tuvo que volver a planificar todo.
A partir de la segunda semana cambió de estrategia. Empezó a ir al mercado municipal con sus propias bolsas de tela y unos tarros de cristal. En la carnicería y la pescadería no pusieron ninguna pega en servirle en sus recipientes. La frutera incluso le guardaba las cajas de cartón. Para el arroz, las legumbres y la pasta, encontró una tienda a granel donde puedes comprar la cantidad exacta que necesitas.
Lo más complicado fueron los productos de limpieza y de higiene. Probó jabón en pastilla para el cuerpo y el pelo, y un champú sólido que, al principio, le dejó el pelo un poco raro. Para limpiar la casa, empezó a usar vinagre, bicarbonato y limón, como hacía su abuela. Su hijo la ayudaba a preparar las mezclas y le parecía un juego de química.
También hubo fracasos. No encontró ninguna alternativa para el yogur de su hijo, y un día, con mucha prisa, compró una ensalada preparada en el aeropuerto. «No pasa nada», dice. «El objetivo no era ser perfecta, sino ser más consciente».
Al final del mes, los resultados la sorprendieron. Había reducido sus residuos de plástico en un ochenta por ciento. Gastaba un poco más de tiempo en hacer la compra, pero casi el mismo dinero, porque compraba solo lo necesario y desperdiciaba menos comida.
Han pasado seis meses y Clara mantiene la mayoría de los cambios. Ahora el cubo amarillo se llena una vez cada dos semanas. Y ha convencido a dos vecinas para ir juntas al mercado los sábados.