Silvia y Nacho trabajan en el departamento de marketing de una empresa de alimentación en Zaragoza. Desde hace dos años, la empresa les permite teletrabajar tres días a la semana. Hoy coinciden en la oficina y, mientras toman un café en la máquina, empiezan a hablar del tema.
—Yo no sé cómo pude vivir antes sin teletrabajar —dice Silvia—. Me ahorro una hora de coche cada día, desayuno tranquila con mis hijos y los llevo al colegio. Además, en casa me concentro mucho mejor. Aquí siempre hay alguien que te interrumpe.
—¿Lo dices por mí? —pregunta Nacho, riéndose.
—Un poco, sí.
—Pues para ti será una bendición, pero para mí es casi una maldición. Lo veo de otra manera. Al principio me encantaba, pero ahora me cuesta mucho. Vivo solo en un piso pequeño, y hay días en que no hablo con nadie hasta la tarde. Trabajo en la mesa de la cocina y, cuando termino, sigo en la cocina. Es como si nunca saliera del trabajo.
—Ya, eso es verdad. A mí también me pasa que no sé cuándo desconectar. A veces contesto correos a las diez de la noche.
—¿Ves? Esa es la trampa. Parece que tienes más libertad, pero en realidad trabajas más horas.
—Depende de cómo te organices. Yo ahora apago el ordenador a las seis y lo meto en un cajón. Si no lo veo, no me tienta.
—Buena idea. Pero lo que más echo de menos es esto, ¿sabes? —dice Nacho, señalando la máquina de café—. Las conversaciones tontas, las ideas que salen cuando estás comiendo con los compañeros. Por videollamada todo es más frío.
—En eso tienes razón. Las mejores ideas de la última campaña salieron en una comida.
—Exacto. Y los nuevos lo tienen todavía peor. El chico que entró en septiembre me dijo que todavía no conoce bien a la mitad del equipo.
Silvia se queda pensando.
—Quizá el problema no es el teletrabajo, sino que lo hacemos todos en días diferentes. ¿Y si le proponemos a la jefa que todo el equipo venga los mismos dos días?
—Me parece perfecto. Así tú sigues con tus niños y yo tengo a alguien a quien interrumpir.
Los dos se ríen. Esa misma tarde, envían la propuesta a su jefa.