La familia Benítez llevaba años sin hacer un viaje largo. Con tres hijos, siempre encontraban una excusa. Pero este año, por fin, decidieron hacer algo especial en agosto: diez días en Grecia. Lo que no tenían claro era cómo organizarlo.
Una tarde fueron todos juntos a una agencia de viajes del centro de Jaén. Les atendió un agente llamado Paco, que les presentó dos opciones muy diferentes.
La primera era un paquete turístico: vuelo desde Málaga, traslados en autobús, siete noches en un hotel con todo incluido en la isla de Creta y tres noches en Atenas con visitas guiadas. Costaba ocho mil doscientos euros para los cinco. «La ventaja es que no tienen que preocuparse de nada», explicó Paco. «Si hay un problema con un vuelo o con el hotel, nosotros lo solucionamos».
La segunda opción era viajar por libre. Paco les reservaría solo los vuelos, y ellos buscarían el alojamiento y organizarían las rutas. Según sus cálculos, podrían ahorrar unos dos mil euros, sobre todo si alquilaban apartamentos y comían en tabernas locales. Pero tendrían que planificarlo todo ellos mismos.
En ese momento empezó el debate familiar. El padre, Ramón, era partidario del paquete. «Es la primera vez que vamos tan lejos. No quiero pasar las vacaciones mirando horarios de ferris». La madre, Elena, prefería ir por libre: «Si vamos a un hotel con todo incluido, no conoceremos Grecia de verdad. Solo la piscina». La hija mayor, Alba, estaba de acuerdo con su madre y quería visitar varias islas. El mediano solo preguntó si el hotel tenía tobogán. Y el pequeño quería ver una tortuga marina.
Paco sugirió una solución mixta. Podían reservar el vuelo, el hotel en Atenas y las visitas guiadas con la agencia, y organizar por su cuenta la parte de las islas, alquilando un apartamento en Naxos y moviéndose en ferri. Así tendrían seguridad al principio y libertad después.
La idea convenció a todos. Al final, el viaje costó seis mil novecientos euros. En Naxos, el pequeño vio una tortuga marina en una excursión en barco, y Ramón tuvo que admitir que los horarios de ferris no eran para tanto. «El año que viene, todo por libre», dijo en el vuelo de vuelta.