Tomás no era un hombre romántico. En treinta años de matrimonio con Lourdes, casi siempre le había regalado lo mismo para su aniversario: un perfume o una cena en el restaurante de siempre. Pero este año era diferente. Cumplían treinta años casados, y su hija le había dicho: «Papá, esta vez sorpréndela de verdad».
Tomás recordó que, el día de su boda, en un pueblo de Navarra, Lourdes llevaba un ramo de flores silvestres que había recogido ella misma esa mañana en el campo: amapolas, margaritas y espigas de trigo. Era un recuerdo bonito que nadie más en la familia conocía. Decidió que intentaría recrear ese ramo.
El jueves antes del aniversario fue a una floristería de Pamplona que tenía muy buena fama. Le atendió la dueña, Itziar.
—Buenos días. Quería encargar un ramo especial para mi mujer. Cumplimos treinta años de casados.
—¡Enhorabuena! ¿Tiene alguna idea?
—Pues sí. Quería algo parecido al ramo que llevó el día de la boda.
Tomás le enseñó una foto antigua, en blanco y negro. Itziar la miró con atención y sonrió. «Qué bonito. Pero tengo un problema: las amapolas son muy delicadas y se marchitan en pocas horas. No suelen venderse en floristerías». Tomás se quedó desanimado.
Itziar pensó un momento y le propuso una alternativa. Podía usar anémonas rojas, que se parecen mucho a las amapolas pero duran más. Las margaritas no eran problema, y las espigas de trigo las tenía secas en el almacén. Además, sugirió añadir unas ramas de olivo, como símbolo de paz y de un amor duradero. «Será casi igual, pero aguantará una semana en un jarrón», le aseguró.
El ramo costaba setenta euros, bastante más de lo que Tomás solía gastar. Pero no dudó. Le pidió también que escribiera una tarjeta con una sola frase: «Como el primer día».
El sábado por la mañana, Tomás le dio el ramo a Lourdes en la cocina, todavía en pijama. Ella tardó unos segundos en entender. Luego se le llenaron los ojos de lágrimas. «Te acordabas», dijo en voz baja. Esa noche, por primera vez en treinta años, no fueron al restaurante de siempre: cenaron en casa, con el ramo en el centro de la mesa y la foto de la boda al lado.