Mateo había comprado su bicicleta hacía solo cuatro meses. Era una bici eléctrica de color verde oscuro que le había costado mil doscientos euros, casi todos sus ahorros. Con ella iba cada día a su trabajo en el puerto de Vigo, subiendo las cuestas de la ciudad sin sudar. Siempre la ataba con un candado en forma de U a una farola delante de su edificio.
Un miércoles por la mañana, bajó a la calle y la farola estaba vacía. En el suelo solo quedaba el candado, cortado limpiamente. Mateo se quedó varios segundos mirando, sin poder creérselo. Después preguntó a la portera del edificio y a los dueños de la frutería de enfrente, pero nadie había visto nada.
Su compañero de piso le aconsejó que fuera a la comisaría a poner una denuncia. «Aunque no la encuentren, la necesitarás para el seguro», le dijo. Mateo había contratado un seguro contra robo al comprar la bici, así que tenía sentido.
En la comisaría tuvo que esperar casi una hora. Cuando le llamaron, un agente joven le tomó los datos y le hizo muchas preguntas: cuándo la había visto por última vez, dónde estaba exactamente, cómo era la bici y si tenía algún detalle especial. Por suerte, Mateo había guardado la factura y había hecho fotos de la bici el día que la compró. También tenía apuntado el número de serie, que está grabado debajo del cuadro.
—Con el número de serie es más fácil identificarla si aparece —le explicó el agente—. Le seré sincero: muchas bicis robadas no se recuperan, porque las desmontan y venden las piezas por separado. Pero a veces tenemos suerte.
Le dieron una copia de la denuncia, y Mateo la envió esa misma tarde a la aseguradora. También registró su bici en una página web donde la gente publica bicis robadas, y lo compartió en las redes sociales del barrio.
Tres semanas después, la aseguradora le pagó novecientos euros, porque descontaba el desgaste. No era el precio completo, pero le ayudó a comprar otra. Ahora la guarda siempre dentro del piso, aunque ocupe medio pasillo. «Mi compañero de piso no está muy contento», reconoce, «pero yo duermo mucho más tranquilo».