Cada año, los alumnos de sexto de primaria del colegio público de un barrio de Valladolid hacen un viaje de fin de curso. Este año, la tutora, Pilar, había propuesto cuatro días en un albergue de los Picos de Europa, con rutas de montaña, piragüismo y actividades de naturaleza. Para explicarlo, convocó una reunión con las familias un martes por la tarde.
El aula estaba llena. Pilar presentó el programa con fotos y un presupuesto detallado: transporte en autobús, alojamiento con pensión completa, monitores y seguro. El total era de trescientos veinte euros por alumno. En cuanto dijo la cifra, se oyó un murmullo.
El primero en hablar fue el padre de Óscar. «Me parece muy bonito, pero trescientos veinte euros es muchísimo. Tengo tres hijos y este mes ya hemos pagado los libros y el comedor». Varias personas asintieron. Una madre añadió que hace dos años el viaje había costado doscientos y había sido igual de bueno.
Entonces intervino la madre de Lucía, que es de la asociación de padres. Explicó que los precios habían subido mucho, sobre todo el transporte, y que el albergue era de los más baratos que habían encontrado. «No es justo decir que es un capricho. Para muchos niños es la única vez que salen de la ciudad sin su familia», dijo, algo molesta.
La discusión empezó a calentarse. Un padre propuso reducir el viaje a dos días. Otra madre dijo que entonces no merecía la pena ir tan lejos. Alguien comentó que, si no se podía pagar, los niños se quedarían sin ir, y eso crearía diferencias en la clase. Pilar escuchaba en silencio y tomaba notas.
Al final, la tutora pidió la palabra. Propuso que el viaje siguiera siendo de cuatro días, pero que se organizaran actividades para reducir el precio: un mercadillo solidario, la venta de lotería de Navidad y una cena benéfica. Además, el colegio tenía un pequeño fondo para ayudar a las familias que lo necesitaran, de forma confidencial.
La propuesta convenció a casi todos. En diciembre, gracias a la lotería y al mercadillo, consiguieron reducir el precio a doscientos diez euros. Y el padre de Óscar fue uno de los que más ayudó en la organización.