Desde que trabaja desde casa como traductora, Eva casi no sale de su piso de Santander. Su día consiste en levantarse, sentarse delante del ordenador, comer en la cocina y volver a sentarse. Algunos días, su único paseo es bajar a por el pan. A los treinta y ocho años, empezó a notar dolor de espalda y una sensación de cansancio constante.
Un día recibió en el buzón un folleto de un gimnasio nuevo del barrio: «¡Primera clase gratis! Prueba nuestro entrenamiento funcional de alta intensidad». Su amiga Sonia, que iba a ese gimnasio, la animó: «Ven conmigo el jueves. Es muy divertido y al final todos acaban muy contentos». Eva pensó que una hora de ejercicio no podía ser tan terrible.
El jueves se presentó con unas mallas viejas y unas zapatillas que no usaba desde hacía años. El monitor, un chico joven y lleno de energía, explicó el entrenamiento: diez ejercicios diferentes, cuarenta segundos cada uno y solo veinte segundos de descanso, repetidos cuatro veces. Sentadillas, saltos, flexiones, abdominales y algo llamado «burpees», que Eva no había oído en su vida.
Los primeros diez minutos fueron bien. A los veinte, Eva tenía la cara roja y respiraba como si hubiera subido una montaña. A los treinta, tuvo que sentarse en el suelo mientras el resto del grupo seguía saltando. El monitor se acercó y le dijo que hiciera los ejercicios más despacio y que bebiera agua. Al final de la clase, Eva no podía ni hablar, pero se sentía extrañamente orgullosa.
Lo peor llegó al día siguiente. Al despertarse, intentó levantarse de la cama y le dolió absolutamente todo: las piernas, los brazos, la barriga e incluso músculos que no sabía que tenía. Bajar las escaleras le costó cinco minutos. Durante tres días tuvo unas agujetas terribles y tuvo que trabajar con un cojín en la silla.
Aun así, la semana siguiente volvió al gimnasio. Esta vez se apuntó a una clase más suave, de pilates, y dejó la alta intensidad para más adelante. Lleva dos meses yendo tres veces por semana, y el dolor de espalda casi ha desaparecido. «Ahora entiendo lo que significa empezar poco a poco», dice riéndose.