Cuando Thabo llegó a Sevilla desde Sudáfrica para hacer un máster en Ingeniería Ambiental, pensaba que abrir una cuenta bancaria sería cuestión de minutos. En su país lo había hecho por internet en un cuarto de hora. Pronto descubrió que, para un extranjero recién llegado, el proceso era bastante más complicado.
El primer problema fue el NIE, el número de identidad de extranjero. Casi todos los bancos se lo pedían, y él todavía estaba esperando su cita en la oficina de Extranjería. En dos bancos le dijeron directamente que sin NIE no podían hacer nada. En un tercero, el empleado le explicó que podía abrir una «cuenta de no residente» solo con el pasaporte, pero que tenía comisiones más altas y algunas limitaciones.
Thabo necesitaba la cuenta urgentemente, porque su casero quería cobrar el alquiler por transferencia y la universidad iba a ingresarle una beca. Así que aceptó la cuenta de no residente de forma provisional. Para abrirla tuvo que llevar su pasaporte, la carta de admisión de la universidad, el contrato de alquiler y un documento que demostrara de dónde venía su dinero. También tuvo que firmar muchísimos papeles que no entendía del todo.
La empleada que le atendió, Mari Carmen, fue muy paciente. Le explicó cada documento despacio y le enseñó a usar la aplicación del banco. «Lo más importante es que revise siempre las comisiones», le aconsejó. «Hay bancos que cobran por mantener la cuenta, por la tarjeta o por hacer transferencias. Pregunte siempre antes de firmar».
Tres meses después, cuando por fin consiguió su NIE, Thabo volvió al banco y pidió cambiar a una cuenta de residente. Gracias a que tenía la beca domiciliada, le ofrecieron una cuenta sin comisiones y una tarjeta de débito gratuita.
Ahora ayuda a otros estudiantes extranjeros de su máster con el mismo problema. Su consejo es claro: «Pedid la cita de Extranjería en cuanto lleguéis, porque sin el NIE todo es más difícil. Y comparad varios bancos. Las condiciones cambian muchísimo de uno a otro».