Para el cumpleaños de su sobrina, que vive en Tenerife, Raúl compró en Pamplona un juego de construcción que ella llevaba meses pidiendo. Lo envolvió con mucho cuidado, lo metió en una caja y lo llevó a la oficina de correos de su barrio diez días antes de la fecha. Eligió un envío certificado, que costaba un poco más, porque así tendría un número de seguimiento.
Durante los primeros días, todo parecía normal. En la página web aparecía «En tránsito» y después «Llegada a la oficina de destino». Pero el día del cumpleaños el paquete no había llegado, y el estado del envío no cambió durante una semana. Su hermana le dijo que nadie había pasado por casa ni había dejado ningún aviso.
Raúl volvió a la oficina con el resguardo. La empleada consultó el sistema y le explicó que el paquete se había quedado retenido en algún punto de la isla. «A veces pasa con los envíos a Canarias, porque tienen que pasar por la aduana», le dijo. Le recomendó esperar unos días más.
Esperó otra semana, pero no hubo novedades. Entonces decidió presentar una reclamación. Rellenó un formulario en línea donde tuvo que indicar el número de seguimiento, describir el contenido y adjuntar el tique de compra del juego, que por suerte había guardado. También explicó que en Canarias no hace falta pagar aduana por un regalo de ese valor enviado desde la península, así que no entendía el retraso.
Pasaron veinte días hasta que recibió respuesta. Era un correo muy formal: «Lamentamos informarle de que, tras las gestiones realizadas, no ha sido posible localizar su envío». Le ofrecían una indemnización de treinta euros, que era lo que establecía el seguro básico del envío certificado. El juego había costado cincuenta y cinco.
Raúl se sintió bastante frustrado, pero aceptó la indemnización y compró otro juego por internet, con entrega directa en casa de su sobrina. Llegó en tres días. Dos meses después, para sorpresa de todos, el paquete original también apareció en casa de su hermana, un poco aplastado pero completo. Ahora su sobrina tiene dos juegos iguales, y está encantada.