«El Eco del Valle» se publica en una comarca del norte de Huesca desde 1952. Durante décadas fue el periódico que todo el mundo leía en el bar con el café: allí aparecían las bodas, las fiestas, los resultados del equipo de fútbol y las quejas de los vecinos sobre la carretera. Pero hace tres años estuvo a punto de desaparecer.
Las causas eran las mismas que en todas partes. Cada vez menos gente compraba el periódico en papel, los anuncios se habían ido a internet y los lectores fieles eran cada vez más mayores. La redacción, que había tenido ocho periodistas, se había quedado en dos. El dueño anunció que el último número saldría en diciembre.
Entonces Laura, una de las dos periodistas que quedaban, propuso algo arriesgado: convertir el periódico en una cooperativa de sus propios lectores. Cada socio pagaría cinco euros al mes y, a cambio, recibiría el periódico en casa y tendría voz y voto en las asambleas.
Mucha gente pensó que no funcionaría. Sin embargo, en solo dos meses se apuntaron más de mil doscientos socios: jubilados, profesores, agricultores e incluso emigrantes que vivían en Alemania y querían seguir sabiendo qué pasaba en su pueblo. Varios comercios locales volvieron a poner anuncios por solidaridad.
El periódico también cambió. Ahora tiene una página web y un boletín semanal por correo electrónico, y los jóvenes del instituto escriben una sección propia. Hace un año, «El Eco» publicó una investigación sobre un vertedero ilegal cerca del río que obligó al ayuntamiento a actuar. Fue la noticia más leída de su historia.
El futuro no está garantizado: el papel y la distribución siguen siendo caros. Pero Laura es optimista. «Un pueblo sin periódico es un pueblo que no se entera de lo que pasa», dice. «Y nuestros lectores lo han entendido.»