En Ribadesella, un pueblo de la costa de Asturias, la segunda semana de agosto es sagrada. Son las fiestas del pueblo, y durante cinco días hay verbenas, conciertos, concursos, comidas populares y fuegos artificiales. Quien las organiza, desde hace siete años, es la comisión de fiestas: un grupo de doce voluntarios que dedican casi todo el año a prepararlas.
La presidenta de la comisión es Maite, una farmacéutica de cuarenta y cinco años. «La gente piensa que las fiestas se organizan solas», dice. «Pero detrás hay meses de trabajo». Las reuniones empiezan en enero, en un local cedido por el ayuntamiento. Lo primero es el presupuesto: unos sesenta mil euros, que vienen en parte del ayuntamiento y en parte de los comercios del pueblo y de la venta de boletos para una rifa.
Después hay que contratar a las orquestas, que es lo más caro y lo más difícil. Las mejores tienen la agenda llena desde febrero, porque en verano hay fiestas en todos los pueblos de España. También hay que pedir permisos para cortar calles, contratar la seguridad, alquilar el escenario y los baños portátiles, y organizar a los voluntarios que ayudarán durante esos días.
Cada miembro de la comisión tiene una responsabilidad. Hay quien se encarga de los concursos infantiles, quien organiza la gran comida del domingo, con una paella gigante para mil personas, y quien se ocupa de las redes sociales y del cartel de las fiestas. Este año, el cartel lo diseñó una alumna del instituto, que ganó un concurso.
Las semanas antes de las fiestas son las más estresantes. Siempre surge algún problema: una orquesta que cancela, una tormenta prevista, un permiso que no llega. El año pasado, el camión de los fuegos artificiales se averió a cien kilómetros, y llegó solo una hora antes del espectáculo.
Pero cuando llega agosto, todo merece la pena. «Ver a abuelos bailando con sus nietos en la plaza a las dos de la mañana no tiene precio», dice Maite con una sonrisa. El último día, después de los fuegos artificiales, la comisión se reúne para cenar. Y, casi sin descansar, ya empiezan a hablar de las fiestas del año siguiente.