Un sábado por la mañana, el móvil de Roberto, un mecánico de Oviedo, empezó a sonar sin parar. Eran llamadas de amigos y familiares preguntándole si estaba bien. Su hermana le dijo: «¿Por qué me has pedido quinientos euros por mensaje? ¿Qué te ha pasado?». Roberto no entendía nada. Él no había enviado ningún mensaje.
Cuando intentó abrir su aplicación de mensajería, descubrió que no podía entrar. Alguien había robado su cuenta. Desde allí, el ladrón estaba enviando mensajes en su nombre a todos sus contactos, diciendo que había tenido un problema urgente y que necesitaba dinero por transferencia. Al menos dos personas, un primo y una antigua compañera de trabajo, ya habían enviado dinero.
¿Cómo había pasado? Roberto recordó que, dos días antes, había recibido un mensaje de un número desconocido. Decía ser del servicio técnico de la aplicación y le pedía que le enviara un código de seis cifras que le acababa de llegar por SMS, «para verificar su cuenta». Roberto, sin pensarlo mucho, lo envió. Con ese código, los estafadores pudieron instalar su cuenta en otro móvil.
Lo primero que hizo fue avisar a todos sus contactos por otras vías, a través de las redes sociales y por teléfono, para que no hicieran caso de los mensajes. Después, siguiendo las instrucciones de la página de ayuda de la aplicación, consiguió recuperar su cuenta con un nuevo código de verificación. También puso una denuncia en la Policía Nacional, junto con su primo y su compañera, que habían perdido entre los dos ochocientos euros.
El agente que lo atendió le dijo que este tipo de estafa es cada vez más común. Le dio algunos consejos importantes. El primero: nunca compartir con nadie un código de verificación, aunque parezca un mensaje oficial; ninguna empresa seria lo pide. El segundo: activar la verificación en dos pasos, que añade un PIN personal. El tercero: si alguien pide dinero por mensaje, aunque sea un familiar, llamarle por teléfono para confirmarlo.
Roberto se sintió muy culpable. «Mi primo perdió dinero por mi culpa», dice. Pero su primo le tranquilizó: «La culpa es de los estafadores, no tuya». Desde entonces, Roberto ha activado la verificación en dos pasos en todas sus aplicaciones. Y ahora es él quien da consejos a sus amigos.