Hace tres años, Lidia, una arquitecta de treinta y cuatro años de Santander, estaba cansada de estar sola. Trabajaba muchas horas, sus amigas estaban casi todas casadas y los fines de semana se le hacían largos. Una noche, después de una cena en la que todos hablaban de sus parejas, se descargó una aplicación de citas. «Lo hice medio en broma», reconoce. «No creía que funcionara».
Los primeros meses fueron decepcionantes. Muchos perfiles eran falsos o tenían fotos de hace diez años. Algunas conversaciones empezaban bien y desaparecían de repente, sin explicación. Tuvo cinco citas: con uno no tenía nada en común, otro solo hablaba de sí mismo, y un tercero llegó cuarenta minutos tarde y sin disculparse. Después de la quinta, decidió borrar la aplicación.
Pero una semana antes de borrarla, recibió un mensaje de Iván, un profesor de Biología de Torrelavega. Su perfil era sencillo: una foto en la montaña, otra con su perro y una frase: «Busco a alguien con quien compartir silencios cómodos». A Lidia le hizo gracia y le contestó.
Estuvieron dos semanas escribiéndose cada noche. Hablaban de libros, de viajes, de sus familias. Descubrieron que los dos odiaban el reguetón, que les encantaba el senderismo y que habían estado en el mismo concierto, años atrás, sin conocerse. Cuando por fin quedaron, en una cafetería junto al paseo marítimo, Lidia estaba muy nerviosa. Pero en cuanto empezaron a hablar, sintió que lo conocía de toda la vida. No fue amor a primera vista, pero casi.
La relación fue avanzando despacio. Antes de presentarle a su familia, Lidia esperó varios meses. Le daba un poco de vergüenza decir que se habían conocido por una aplicación. Pero cuando por fin se lo contó a su madre, ella se rio: «Hija, yo conocí a tu padre en un baile del pueblo. Cada época tiene su manera».
Hoy, Lidia e Iván viven juntos en una casa cerca de la playa, con el perro. Se casarán el próximo verano. «Las aplicaciones no son mágicas», dice Lidia. «Hay que tener paciencia y no perder la ilusión. Pero a veces, entre cien perfiles, aparece la persona adecuada».