Cuando nació su hija Vega, Nerea y Óscar sabían que tendrían que buscar una guardería. Los dos trabajan a jornada completa en Pamplona, ella en un banco y él en una empresa de ingeniería, y sus padres viven lejos. Pero no sabían lo difícil que iba a ser encontrar una plaza.
Empezaron a buscar cuando Vega tenía tres meses. Visitaron las escuelas infantiles públicas del barrio y descubrieron que había listas de espera enormes. En la más cercana, había ciento veinte solicitudes para solo veinticuatro plazas. Las plazas se dan por puntos: tienen prioridad las familias con hermanos en el centro, con pocos ingresos o en situaciones especiales. Nerea y Óscar, con dos sueldos normales, tenían muy pocas posibilidades.
Presentaron la solicitud en tres guarderías públicas y esperaron. En junio salieron las listas: no estaban admitidos en ninguna. Estaban en el puesto treinta y ocho, cincuenta y dos y setenta de las listas de espera. Nerea tenía que volver al trabajo en septiembre, después de su permiso y sus vacaciones.
Entonces empezaron a buscar guarderías privadas. Había varias en la ciudad, pero los precios eran muy altos: entre quinientos y setecientos euros al mes, más el comedor. Además, las mejores también tenían lista de espera. Al final encontraron una plaza en una privada que estaba a veinte minutos de casa en coche, por seiscientos euros al mes.
El gasto era tan grande que pensaron en otras opciones. Nerea pidió una reducción de jornada, pero eso significaba ganar menos. También pensaron en contratar a una cuidadora en casa, pero era todavía más caro. Una vecina les habló de otra posibilidad: una «casa nido», una madre de día que cuida a cuatro niños en su propia casa, con licencia del ayuntamiento. Era más barato y más familiar, pero no tenía plazas libres hasta enero.
Al final, en noviembre, recibieron una llamada inesperada: se había quedado libre una plaza en una de las guarderías públicas. Costaba solo doscientos euros al mes. Nerea casi llora de alegría.
«Es increíble que encontrar una guardería sea tan difícil», dice Óscar. «Luego se habla de que en España nacen pocos niños. Con estas condiciones, no me extraña».