En octubre, Nicolás, que vive en un pueblo pequeño de Soria, fue por primera vez a Madrid a pasar un fin de semana. El sábado visitó el Museo del Prado y el Parque del Retiro. Usaba el móvil para todo: el mapa, los billetes de metro, las fotos.
Hacia las seis de la tarde paseaba por el barrio de Malasaña. Quiso mirar el camino para volver al hotel. La pantalla se puso negra. ¡Sin batería! Nicolás se agobió. No se acordaba del nombre de la calle del hotel, solo de que estaba cerca de una estación de metro con el nombre de un pintor famoso.
Andó durante cuarenta minutos, pero todas las calles se parecían. Empezaba a anochecer y tenía frío.
Entonces decidió pedir ayuda. Entró en una pequeña librería. La librera, una señora de pelo blanco, lo escuchó con paciencia. Sacó un viejo plano de Madrid en papel. «Un pintor… ¿Goya? ¿Velázquez? ¿Sorolla?» Cuando Nicolás oyó «Velázquez», se acordó. ¡Era esa!
La librera le enseñó el camino en el plano y hasta le ofreció cargar el móvil un cuarto de hora. Para darle las gracias, Nicolás compró una guía de Madrid en papel. Ahora siempre lleva una batería externa en la mochila.