Rocío es enfermera en un hospital de Huelva y muchas semanas trabaja de noche. Vuelve a casa a las ocho de la mañana y duerme hasta las tres de la tarde. Durante años no tuvo ningún problema, porque su edificio era muy tranquilo.
Pero en septiembre, un vecino nuevo se mudó al piso de arriba. Se llamaba Adrián, era músico y trabajaba en casa. Todas las mañanas, a partir de las diez, tocaba la guitarra eléctrica y cantaba. Además, ponía la lavadora y movía muebles. Rocío no podía dormir y estaba cada día más cansada y de mal humor.
Una semana después, Rocío subió a hablar con él. Estaba enfadada, pero decidió ser educada.
—Hola, soy la vecina de abajo. Perdona, pero trabajo de noche y duermo por las mañanas. Con la música no puedo descansar.
—¡Uy, lo siento muchísimo! No lo sabía. Pensaba que todos trabajaban fuera de día.
Adrián fue muy comprensivo. Le prometió tocar solo por las tardes y usar auriculares por la mañana. Además, puso una alfombra gruesa en el salón para hacer menos ruido.
Ahora Rocío duerme bien otra vez. Y el mes pasado, Adrián la invitó a un concierto suyo en un bar. Rocío fue y le encantó.