Hace dos semanas, Mónica se rompió un ligamento de la rodilla jugando al baloncesto. El médico le dijo que necesitaba una operación. La operaron un martes en el hospital de Albacete y el jueves ya estaba en casa, pero no podía caminar sin muletas.
Su amiga Cristina fue a visitarla el sábado. Antes, pasó por una librería y le compró dos novelas, porque sabía que Mónica se aburría mucho. También le llevó una caja de bombones y una revista de deportes.
Cuando llegó, Mónica estaba en el sofá con la pierna encima de unos cojines. Tenía la rodilla vendada y una bolsa de hielo.
—¿Qué tal estás? ¿Te duele mucho?
—Ahora ya no tanto. Los primeros días me dolía muchísimo, pero tomo unas pastillas para el dolor.
—¿Y cuándo puedes volver a jugar?
—Uf, el médico dice que dentro de seis meses, como mínimo. Primero tengo que hacer rehabilitación con un fisioterapeuta tres veces por semana.
Cristina le preparó un té y vieron una película juntas. Después, ayudó a Mónica a ducharse, porque sola era muy complicado. Antes de irse, le dijo: «El martes vuelvo y te llevo a la fisio en mi coche». Mónica le dio las gracias con un abrazo.