Thomas es alemán y trabaja en una fábrica de Alicante. En abril, un compañero, Vicente, lo invitó a su pueblo, Alcoy, para ver las fiestas de Moros y Cristianos. «Es lo más importante del año para nosotros», le explicó.
Las fiestas recuerdan una batalla de hace más de setecientos años. Durante tres días, miles de vecinos se visten con trajes espectaculares: unos son «moros» y otros, «cristianos». Cada persona pertenece a un grupo, que se llama «filà», y muchos ensayan durante todo el año.
El primer día, Thomas vio el desfile de los cristianos por la mañana y el de los moros por la tarde. Los trajes tenían plumas, oro, terciopelo y colores brillantes. Las bandas de música tocaban marchas muy emocionantes. Thomas no paraba de hacer fotos.
El segundo día era la fiesta del patrón, San Jorge. Hubo una misa y una procesión. Vicente le llevó a comer con su filà: una comida enorme con arroz, embutidos y mucho vino.
El tercer día hubo una batalla de mentira en la plaza, con ruido de arcabuces y mucho humo. Thomas se tapaba los oídos, pero estaba encantado. «En Alemania no tenemos nada parecido», le dijo a Vicente. «¡El año que viene quiero desfilar!».