Después de seis años trabajando en una biblioteca de Cádiz, Nuria encontró trabajo en Ámsterdam. Estaba muy contenta, pero también triste porque iba a dejar a sus amigos. Su mejor amiga, Patri, decidió organizarle una fiesta de despedida sorpresa.
Patri creó un grupo en el móvil con los amigos de Nuria, pero sin Nuria. Allí hablaron de todo: la fecha, el lugar, la comida y el regalo. Eligieron el sábado antes del viaje y el lugar fue la azotea de Patri, que tiene vistas al mar. Cada persona llevó algo de comer y beber.
Para el regalo, recogieron fotos de todos los años juntos e hicieron un álbum. Cada amigo escribió un mensaje en una página. También compraron un paraguas enorme. «¡En Holanda llueve mucho!», dijo uno.
El problema era llevar a Nuria a la azotea sin sospechas. Patri la llamó y le dijo: «¿Vienes a mi casa a cenar tranquilas? Solo nosotras dos». Nuria aceptó.
Cuando Nuria abrió la puerta de la azotea, veinte personas gritaron: «¡Sorpresa!». Nuria se quedó sin palabras y después empezó a llorar. Pasaron una noche maravillosa, con música, risas y muchos abrazos. Al final, Nuria dijo: «Os voy a echar muchísimo de menos».