Marcos vive en Palma y empezó a correr en primavera. Al principio usaba unas zapatillas viejas, pero después de unas semanas le dolían las rodillas. Un amigo le dijo: «Necesitas unas zapatillas de correr de verdad».
Una noche, Marcos buscó en internet y encontró una tienda online con muchas ofertas. Eligió unas zapatillas azules y naranjas, con mucha amortiguación, de ochenta euros. Normalmente usa la talla cuarenta y tres, así que pidió esa talla. La tienda prometía entrega en tres días.
El paquete llegó el viernes. Marcos abrió la caja muy ilusionado, pero cuando se puso las zapatillas, notó que le quedaban pequeñas. Le apretaban mucho los dedos. Además, el color no era igual que en la foto: el naranja era casi rosa.
Marcos miró la página de la tienda. Tenía treinta días para devolverlas, y la devolución era gratis. Rellenó un formulario, imprimió una etiqueta y la pegó en la caja. El lunes llevó el paquete a una oficina de mensajería cerca de su casa.
Una semana después, la tienda le devolvió el dinero. Esta vez, Marcos fue a una tienda de deportes del centro. Se probó varios modelos y el dependiente le recomendó la talla cuarenta y cuatro. «Las zapatillas de correr siempre tienen que ser un poco más grandes», le explicó.