Emma es sueca y vive en Gijón desde hace un año. Trabaja en un hotel y estudia español dos tardes por semana en una academia. Al principio, entendía la gramática bastante bien, pero cuando la gente hablaba rápido en la calle, no entendía casi nada.
Su profesora, Marisa, le dio un consejo: «Busca una serie española que te guste y mírala todos los días». Emma eligió una serie de comedia sobre los vecinos de un edificio de Madrid. Tenía muchas temporadas y los episodios duraban veinte minutos.
Al principio la veía con subtítulos en sueco. Después de un mes, cambió a subtítulos en español. Así podía leer y escuchar a la vez. Cuando oía una expresión interesante, paraba el episodio y la apuntaba en una libreta. Algunas expresiones eran muy coloquiales: «¡Qué fuerte!», «estar flipando», «ni de broma».
Poco a poco empezó a entender más. Un día, en el hotel, dos clientes hablaban muy rápido y Emma lo entendió todo. Otro día usó una de las expresiones de la serie con sus compañeros y todos se rieron mucho. «¿Dónde has aprendido eso?», le preguntaron.
Ahora Emma ya está en la cuarta temporada. Y a veces, ya ve los episodios sin subtítulos.