En el instituto de Guille, en Toledo, los alumnos de cuarto de la ESO hacen una semana de prácticas en una empresa. Guille quería ser cocinero, así que eligió una panadería tradicional del casco antiguo, que tiene más de cien años.
El primer día, su despertador sonó a las cuatro y media de la mañana. ¡Nunca se había levantado tan temprano! Cuando llegó, el panadero, don Emilio, ya estaba trabajando. El obrador olía a pan caliente y hacía mucho calor por los hornos.
Don Emilio le dio un delantal y le explicó las normas: lavarse bien las manos, recogerse el pelo y tener mucho cuidado con los hornos. Después le enseñó a hacer la masa con harina, agua, sal y levadura. Guille tenía que amasar, formar las barras y ponerlas en las bandejas.
A las siete abrieron la tienda. Guille ayudó a la dependienta a poner el pan en las estanterías y a atender a los clientes. Muchos eran vecinos mayores que compraban lo mismo todos los días.
El jueves, don Emilio le enseñó a hacer mazapán, el dulce típico de Toledo. Al final de la semana, Guille estaba agotado pero muy contento. Don Emilio le dijo: «Si quieres, este verano puedes volver».