Hace un año, Clara quería mejorar su inglés. Vivía en Salamanca, una ciudad con muchos estudiantes extranjeros, así que buscó un intercambio de idiomas en internet. Así conoció a Liam, un chico irlandés que estudiaba español en la universidad.
Quedaron por primera vez en una cafetería de la Plaza Mayor. Clara estaba muy nerviosa. Al principio hablaron de cosas fáciles: de dónde eran, qué estudiaban, qué les gustaba hacer. Liam hablaba despacio y cometía algunos errores, pero era muy divertido.
Decidieron verse dos veces por semana, los martes y los jueves. Tenían una regla: la primera media hora hablaban en español y la segunda, en inglés. Si alguien no sabía una palabra, la escribían en una libreta. Clara le corregía a Liam los verbos y Liam le enseñaba a Clara expresiones irlandesas muy raras.
Con el tiempo, se hicieron muy buenos amigos. Iban juntos al cine, a conciertos y a cenar con otros estudiantes. Liam le presentó a sus amigos irlandeses y Clara le llevó a una comida con su familia en un pueblo.
En junio, Liam volvió a Dublín. Ahora hablan por videollamada cada semana, y en agosto Clara va a visitarlo. ¡Su inglés ha mejorado muchísimo!