Irene, Pablo y Marta son amigos desde el instituto y viven en Logroño. Ninguno conocía Madrid, así que en octubre decidieron pasar un fin de semana allí. Reservaron un apartamento pequeño cerca de la Puerta del Sol y fueron en autobús.
El viernes por la noche llegaron cansados, pero salieron a cenar. Probaron un bocadillo de calamares, el plato típico de la ciudad, en un bar muy ruidoso de la Plaza Mayor. Después pasearon por las calles iluminadas del centro.
El sábado por la mañana fueron al Museo del Prado. Marta estudia Historia del Arte y les explicó algunos cuadros. Pablo se aburrió un poco, pero le gustaron mucho los cuadros de Goya. Por la tarde fueron al parque del Retiro y alquilaron una barca en el lago. Pablo remaba tan mal que la barca daba vueltas, y los tres se rieron muchísimo.
El domingo por la mañana visitaron el Rastro y Irene se compró unos pendientes. A mediodía comieron cocido madrileño en una taberna antigua. Estaba buenísimo, pero era tanta comida que después necesitaron una siesta en el parque.
En el autobús de vuelta, ya estaban haciendo planes para volver en primavera.