Paco y Encarna se jubilaron el año pasado, después de cuarenta años de trabajo. Paco era maestro y Encarna trabajaba en una oficina de Correos en Jaén. Durante toda su vida, casi siempre pasaron las vacaciones en la misma playa de Almería. Ahora, por fin, tenían tiempo para viajar de verdad.
Un lunes por la mañana fueron a una agencia de viajes del centro. Les atendió una chica joven llamada Rocío.
—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarles?
—Queremos hacer un viaje especial —dijo Encarna—. Nunca hemos salido de España.
—¡Qué bien! ¿Tienen alguna idea?
—A mí me encantaría ver Italia —dijo Paco—. Roma, Florencia, Venecia...
Rocío les enseñó varias opciones. Había un circuito organizado de diez días por Italia, con guía en español, hoteles de tres estrellas, desayuno y algunas cenas incluidas. El viaje era en autobús, pero el vuelo de ida y vuelta salía desde Málaga. Costaba mil seiscientos euros por persona.
Encarna preguntó si había descuentos para mayores de sesenta y cinco. Rocío buscó y encontró un descuento del diez por ciento si reservaban antes del fin de mes.
Lo reservaron ese mismo día, para el mes de mayo. Al salir de la agencia, Paco compró una guía de Italia y Encarna un diccionario de italiano.