Javi y Aitana empezaron a salir hace solo tres semanas. Se conocieron en una clase de escalada en Pamplona. El viernes era el cumpleaños de Aitana y Javi quería darle algo especial, pero no demasiado serio. «Unas flores», le aconsejó su hermana. «Siempre funcionan».
El viernes, después del trabajo, Javi entró en una floristería pequeña del casco antiguo. Había flores de todos los colores y olía muy bien. La florista, una señora mayor muy simpática, le preguntó:
—¿Para quién son las flores?
—Para mi novia. Bueno... es casi mi novia. Hace poco que salimos.
—¡Ah, qué bonito! Entonces, mejor no rosas rojas. Son demasiado románticas para el principio.
La florista le recomendó un ramo de flores de primavera: tulipanes amarillos, margaritas blancas y unas ramas verdes. Era alegre y natural. Javi también preguntó si podía escribir una tarjeta. Pensó mucho y al final escribió: «Feliz cumpleaños. Gracias por estas tres semanas. Javi».
El ramo costó veinticinco euros. La florista lo envolvió en papel marrón con un lazo.
Esa noche, cuando Aitana abrió la puerta y vio las flores, sonrió muchísimo. Puso el ramo en un jarrón en el centro de la mesa. Y a la semana siguiente, ya eran novios oficialmente.