Durante años, Carmen y su marido Enrique guardaron muchísimas cosas en el trastero de su piso, en Madrid: ropa vieja, juguetes de sus hijos, libros, discos, una lámpara, una bicicleta... Un día, Carmen dijo: «¡Basta! Ya no cabe nada más. Vamos a vender todo esto».
Un fin de semana entero estuvieron limpiando el trastero. Separaron las cosas en tres grupos: para tirar, para regalar y para vender. Lo que podían vender lo pusieron en cajas.
El domingo siguiente se levantaron a las seis de la mañana y fueron al Rastro, el mercadillo más famoso de Madrid. Un amigo de Enrique tenía un puesto allí y les dejó un espacio. Pusieron una manta en el suelo y colocaron los objetos.
A las ocho ya había mucha gente. Un señor compró los discos de vinilo de Enrique por cuarenta euros. Una chica joven compró la lámpara antigua. Los juguetes se vendieron muy rápido. Algunas personas querían regatear: «¿Diez euros por la bici? ¿Y por siete?». Carmen se divertía mucho.
A las dos de la tarde recogieron. Habían ganado ciento noventa euros y el trastero estaba casi vacío. Con el dinero, se fueron a comer un cocido a una taberna del barrio.