Andrés estudia Ingeniería en Valencia y tiene que tener mucho cuidado con su dinero. En febrero miró su factura del móvil y se enfadó: pagaba cuarenta y cinco euros al mes. Tenía ese contrato desde hacía cuatro años, cuando vivía con sus padres, y nunca lo había cambiado.
Andrés decidió buscar algo más barato. Una tarde se sentó delante del ordenador con una libreta y comparó las ofertas de cinco compañías diferentes. Escribió en una tabla el precio, los gigas de internet, las llamadas y la duración del contrato.
La primera compañía era barata, pero tenía solo diez gigas. La segunda tenía gigas ilimitados, pero costaba cincuenta euros. La tercera tenía una oferta muy buena los primeros seis meses, pero después el precio subía mucho. «Cuidado con la letra pequeña», le dijo su compañero de piso.
Al final, eligió una compañía pequeña: quince euros al mes, cincuenta gigas y llamadas ilimitadas, sin permanencia. Eso significa que puede cambiar de compañía cuando quiera, sin pagar nada.
El cambio fue muy fácil. Pidió la tarjeta SIM nueva por internet y llegó en dos días. Mantuvo su número de siempre. Ahora ahorra treinta euros al mes. «Con ese dinero, ¡me pago el gimnasio!», dice.