En septiembre, Óscar le compró un coche usado a su vecino, el señor Benítez, que ya era muy mayor para conducir. Era un coche pequeño, de color blanco, con diez años pero en muy buen estado. Pagó tres mil euros.
En España, las matrículas no cambian cuando vendes un coche. Pero el coche tiene que cambiar de dueño oficialmente en la Dirección General de Tráfico, la DGT. Este trámite se llama «transferencia». Si no lo haces, las multas siguen llegando al antiguo dueño.
Primero, Óscar y el señor Benítez firmaron un contrato de compraventa. Óscar descargó un modelo en internet y lo rellenaron en la mesa de la cocina. Después, Óscar fue a la oficina de Hacienda de su comunidad para pagar un impuesto por la compra: unos ochenta euros.
Luego pidió cita en Tráfico, en Córdoba. Llevó el contrato, su DNI, una fotocopia del DNI del señor Benítez, el permiso de circulación y la tarjeta técnica del coche. También pagó una tasa de cincuenta y cinco euros.
El funcionario revisó todo y en veinte minutos estaba hecho. Una semana después, Óscar recibió por correo el permiso de circulación nuevo, con su nombre. Lo primero que hizo fue contratar un seguro y llevar al señor Benítez a dar un paseo.