Samir es de Marruecos y vive en Almería desde hace cinco años. Trabaja como electricista en una empresa de construcción. Como todos los extranjeros que no son de la Unión Europea, necesita una tarjeta de residencia, el TIE, para vivir y trabajar legalmente en España.
En enero, Samir miró su tarjeta y vio que caducaba en marzo. Tenía que renovarla. Primero buscó información en la página web del Gobierno. Allí vio la lista de documentos: el pasaporte, el contrato de trabajo, las nóminas de los últimos meses y el certificado de empadronamiento. También tenía que pagar una tasa de dieciséis euros en el banco.
Reunir todos los papeles le llevó dos semanas. Después tuvo que pedir cita en la Oficina de Extranjería. No fue fácil: no había citas. Durante varios días lo intentó por la mañana temprano, hasta que por fin consiguió una.
El día de la cita, Samir llegó muy temprano. La funcionaria revisó todos los documentos y le tomó las huellas. «Todo está correcto», le dijo. «En unas semanas le enviaremos una carta. Mientras tanto, este resguardo vale como documento».
Un mes y medio después, Samir recogió su tarjeta nueva, válida por cuatro años más. Esa noche lo celebró con su familia.