En mayo, Natalia vio una oferta de trabajo en internet: un hotel de cuatro estrellas en San Sebastián buscaba un recepcionista con inglés y francés. Natalia acababa de terminar sus estudios de Turismo y envió su currículum enseguida. Una semana después, la llamaron para una entrevista.
El día de la entrevista, Natalia se levantó temprano. Se puso una falda azul, una blusa blanca y zapatos cómodos. Llegó al hotel quince minutos antes.
La directora de recursos humanos, la señora Echeverría, la recibió en una oficina pequeña. Primero le preguntó por sus estudios y por sus prácticas. Natalia explicó que había trabajado tres meses en un hotel de Biarritz, en Francia. Después, la directora le hizo algunas preguntas en inglés y en francés. Natalia estaba nerviosa, pero contestó bien.
—¿Por qué quiere trabajar con nosotros?
—Porque me encanta el contacto con la gente y conozco muy bien la ciudad. Además, su hotel tiene muy buena fama.
—¿Puede trabajar por la noche y los fines de semana?
—Sí, no hay problema.
Al final, la directora le explicó las condiciones: contrato de seis meses, cuarenta horas semanales y mil cuatrocientos euros al mes. Tres días después, Natalia recibió una llamada: ¡el puesto era suyo!