«Atención, por favor. Informamos a los señores viajeros que el tren regional con destino a Zaragoza, con salida a las 17:45, ha sido cancelado por una avería en la vía. Disculpen las molestias.»
Cuando Raquel oyó este mensaje en la estación de Huesca, se quedó parada. Tenía que estar en Zaragoza a las siete para la cena de cumpleaños de su madre. Miró el panel: el próximo tren salía a las 20:10. ¡Demasiado tarde!
En el andén había mucha gente nerviosa. Algunos protestaban, otros llamaban por teléfono. Raquel fue a la taquilla. Había una cola de veinte personas. Mientras esperaba, escuchó otro anuncio: «Para los viajeros del tren cancelado, hay un autobús de sustitución delante de la estación. Sale a las 18:15».
Raquel salió corriendo. El autobús estaba casi lleno, pero encontró un asiento al final. El viaje duró una hora y cuarto. Llamó a su madre para avisar de que iba a llegar un poco tarde.
Llegó al restaurante a las siete y media. Toda la familia ya estaba sentada. Su madre le dio un abrazo. «Lo importante es que estás aquí», le dijo. Al día siguiente, Raquel pidió por internet la devolución del billete. Le devolvieron el dinero en tres días.