El martes pasado, Isabel volvía del trabajo en metro, en Madrid. Estaba muy cansada y se quedó medio dormida. De repente, oyó el nombre de su parada y salió corriendo del vagón. Cuando llegó a casa, se dio cuenta: ¡había olvidado su bolsa de deporte en el metro!
En la bolsa estaban su ropa de gimnasio, unas zapatillas nuevas, un libro y, lo más importante, las llaves de la oficina. Isabel se preocupó mucho.
Su vecino le dijo que en Madrid hay una Oficina de Objetos Perdidos. Isabel buscó la dirección en internet y vio que también podía rellenar un formulario en la web. Escribió la descripción de la bolsa: negra, con una raya rosa y una cinta roja en el asa.
Tres días después, recibió un correo electrónico: «Hemos encontrado un objeto que coincide con su descripción». Isabel fue a la oficina el viernes por la mañana. Había una cola corta. Enseñó su DNI y explicó qué había dentro de la bolsa.
El empleado trajo una bolsa negra con una cinta roja. ¡Era la suya! Todo estaba dentro, también las llaves. Isabel pagó una pequeña tasa de tres euros. «Todavía hay gente honrada», pensó mientras salía, muy feliz.