La hermana de Álvaro, Natalia, vive en Berlín desde hace dos años. Trabaja allí como ingeniera. En marzo era su cumpleaños, y Álvaro quería enviarle un regalo especial desde Granada.
Compró un libro de fotos antiguas de la ciudad, una caja de piononos de Santa Fe, que son los dulces favoritos de su hermana, y una bufanda de seda. Lo puso todo en una caja de cartón con papel de periódico para proteger los dulces.
El lunes fue a la oficina de Correos. Había mucha gente, y esperó veinte minutos. Cuando llegó su turno, el empleado pesó la caja: dos kilos y medio.
—¿Qué contiene? —preguntó.
—Un libro, ropa y dulces.
—Los dulces, ¿son caseros?
—No, son de una pastelería, con fecha de caducidad.
—Perfecto. Dentro de la Unión Europea no necesita formulario de aduanas.
El envío normal costaba veintiocho euros y tardaba entre cinco y siete días. El urgente costaba cuarenta y cinco euros y tardaba tres días. Como el cumpleaños era el viernes, Álvaro eligió el urgente.
El jueves por la tarde, Natalia le envió una foto: estaba comiendo un pionono con la bufanda puesta. «¡Qué sorpresa! ¡Me encanta!», escribió.