El sábado pasado, Elena tuvo un encuentro inesperado. Estaba en el centro de Córdoba haciendo compras. Hacía calor y entró en una cafetería para tomar algo fresco. Mientras esperaba en la barra, una mujer la miró con atención y le preguntó: «Perdona... ¿tú eres Elena García, del instituto Góngora?»
Elena la miró. Tenía el pelo corto y gafas, pero esa sonrisa... ¡Era Rocío, su mejor amiga del instituto! No se veían desde hacía quince años. Las dos gritaron y se abrazaron. Todos en la cafetería las miraron.
Se sentaron en una mesa y empezaron a hablar. Rocío le contó que después del instituto estudió Enfermería en Granada. Luego trabajó cinco años en un hospital de Londres. Allí conoció a su marido, que es escocés. Ahora tenían dos hijas y acababan de volver a Córdoba.
Elena también le contó su vida: estudió Derecho, trabajaba en un despacho de abogados y estaba soltera, pero tenía un perro muy simpático.
Recordaron a los profesores, las excursiones y las fiestas de fin de curso. Se rieron muchísimo. Cuando miraron el reloj, ¡habían pasado tres horas! Antes de despedirse, intercambiaron sus números de teléfono. El domingo siguiente comieron juntas otra vez.