Para su vigésimo aniversario de boda, Alfonso quería dar una sorpresa a su mujer, Amparo. Sabía que a ella le encantaba el teatro, pero nunca tenían tiempo para ir. Así que, un mes antes, compró dos entradas para el Teatro Español de Madrid. Echaban una obra clásica de Lope de Vega.
El día del aniversario, Alfonso le dijo a Amparo: «Ponte elegante. Esta noche salimos». Ella no sabía adónde iban. Primero cenaron en un restaurante pequeño cerca de la plaza de Santa Ana. Después, Alfonso la llevó delante del teatro y le enseñó las entradas. Amparo se emocionó mucho.
El teatro era precioso, con butacas de terciopelo rojo y una lámpara enorme en el techo. Tenían asientos en el patio, en la fila ocho. La obra duró dos horas y media, con un descanso. Los actores eran excelentes y el vestuario muy bonito. A veces era difícil entender el español antiguo, pero la historia era divertida.
Al final, el público aplaudió durante cinco minutos. Al salir, dieron un paseo por el centro. Hacía una noche agradable. «Tenemos que hacer esto más a menudo», dijo Amparo. Desde entonces, van al teatro una vez al mes.