Para su treinta cumpleaños, Óscar no quería una fiesta en un bar ruidoso y caro, como sus amigos. Prefería algo más tranquilo y original. Por eso decidió organizar un pícnic en el parque de María Luisa, en Sevilla.
Una semana antes, envió un mensaje a sus amigos: «El sábado celebro mis treinta en el parque. Traed algo para comer y ganas de pasarlo bien». Contestaron casi todos: iban a venir veinte personas.
El sábado por la mañana, Óscar y su novia Lucía llegaron temprano para buscar un buen sitio. Eligieron un lugar a la sombra, cerca de una fuente. Pusieron mantas en la hierba, colgaron globos en los árboles y prepararon una mesa pequeña con bebidas.
Los amigos llegaron a mediodía con tortillas, ensaladas, empanadas y fruta. Una amiga trajo una tarta de chocolate enorme. Comieron, charlaron y jugaron al fútbol y a las cartas. Más tarde, su primo sacó la guitarra y todos cantaron.
Por la tarde, unos niños que pasaban se acercaron a mirar, y Óscar les dio un trozo de tarta. A las ocho, cuando se fue el sol, recogieron todo. «Fue el mejor cumpleaños de mi vida», dijo Óscar.