El lunes pasado, Bilbao amaneció casi paralizada. Los trabajadores del metro y de los autobuses municipales empezaron una huelga de veinticuatro horas para pedir mejores condiciones laborales. Según los sindicatos, llevan tres años con el mismo sueldo, a pesar de que el coste de la vida ha subido mucho, y denuncian la falta de personal, que obliga a muchos conductores a hacer horas extra.
Aunque la ley obliga a mantener unos servicios mínimos, solo funcionaba un tercio de los trenes y autobuses, y únicamente en las horas punta. A las siete y media de la mañana, los andenes del metro estaban llenos de gente que intentaba llegar al trabajo. Muchos no pudieron subir al primer tren, ni al segundo.
En las calles, la situación tampoco era mucho mejor. Miles de personas que normalmente usan el transporte público cogieron el coche, y los atascos en las entradas de la ciudad fueron de más de una hora. Los taxis estaban todos ocupados y las aplicaciones de vehículos con conductor multiplicaron sus precios.
Sin embargo, la huelga también tuvo una cara más amable. Muchos vecinos compartieron coche con desconocidos a través de grupos en las redes sociales. Otros sacaron del trastero bicicletas que no usaban desde hacía años. Y mucha gente decidió caminar: las aceras del centro estaban llenas de personas con mochilas y prisas. Varias empresas permitieron a sus trabajadores teletrabajar o llegar más tarde.
Las opiniones de los ciudadanos estaban divididas. «Entiendo que reclamen sus derechos, pero los que pagamos el pato somos los trabajadores», se quejaba Esther, una cajera que tardó dos horas en llegar a su supermercado. En cambio, Mikel, un estudiante, defendía la huelga: «Si los conductores trabajan agotados, eso también es peligroso para nosotros».
Por la tarde, representantes del ayuntamiento y de los sindicatos se reunieron durante cuatro horas, pero no llegaron a ningún acuerdo. Los sindicatos han anunciado que, si no hay una propuesta mejor, convocarán nuevas huelgas para los dos próximos lunes.
Mientras tanto, muchos bilbaínos ya están organizándose. Las tiendas de bicicletas dicen que han vendido el doble de lo habitual esta semana.