Es un día de marzo en Burgos. Ana mira por la ventana. El cielo está gris. Mira el tiempo en el móvil: por la mañana, cinco grados y viento; por la tarde, lluvia. ¿Qué ropa se pone?
Primero piensa en el vestido nuevo. No, ¡hace demasiado frío! Al final elige unos vaqueros, una camiseta de manga larga y un jersey de lana gris. Encima, un abrigo largo y una bufanda roja. En los pies, unas botas negras.
Ana también coge el paraguas y unos guantes. Su hermano Luis sale de casa con una camiseta y una chaqueta fina.
—¡Luis! ¿No tienes frío?
—No, estoy bien.
Por la tarde, Ana vuelve a casa. Llueve mucho, pero ella está seca y calentita. Luis llega diez minutos después: está mojado y estornuda. «Mañana, abrigo», dice él.