Es un sábado de abril. Hace sol y veinte grados. Don Ramón tiene setenta años y vive en un pueblo cerca de Huesca. Detrás de su casa tiene un huerto pequeño. Hoy trabaja allí toda la mañana con su nieta Paula.
Primero quitan las malas hierbas. Luego Don Ramón prepara la tierra con una azada. Paula planta tomates, lechugas y pimientos. También siembran judías verdes y calabacines.
Después riegan todo con una manguera. Paula está contenta, porque hay una mariposa amarilla en las flores. «Abuelo, ¿cuándo comemos los tomates?», pregunta. «En julio, si llueve un poco y hace calor», contesta él.
A la una tienen hambre. Se lavan las manos y comen en el jardín, debajo de un cerezo: pan, queso y unas fresas del huerto. Paula está cansada, pero quiere volver el próximo sábado.