Beatriz tiene treinta y ocho años y trabaja en un banco en Madrid. Pasa ocho horas al día sentada delante del ordenador. Desde hace un año le duele mucho la espalda, sobre todo por la tarde.
Su médico le recomienda hacer ejercicio. Una compañera de trabajo le habla del yoga. Ahora, Beatriz va a una clase tres mañanas por semana, antes del trabajo. La clase empieza a las siete y cuarto y dura cuarenta y cinco minutos.
En clase respiran despacio, se estiran y hacen posturas sencillas. Al principio, para Beatriz es difícil. No es flexible y no puede tocar los pies con las manos.
Pero después de dos meses, todo es diferente. Beatriz duerme mejor, está más relajada en el trabajo y casi no le duele la espalda. Ahora también hace estiramientos en la oficina, cada dos horas.