Son las siete de la tarde en Bilbao. Llueve muchísimo. Irene sale de la oficina con su maleta. Su tren sale de la estación de Abando a las siete y media. Normalmente va andando, pero hoy no tiene paraguas y la maleta es pesada.
En la esquina hay una parada de taxis, pero no hay ningún taxi. Irene espera cinco minutos. Está mojada y nerviosa. Por fin llega un taxi.
—A la estación de Abando, por favor. Mi tren sale a las siete y media.
—No se preocupe, señora. Hay mucho tráfico, pero conozco un camino más rápido.
El taxista es muy simpático y habla de fútbol todo el viaje. A las siete y veinte llegan a la estación.
—Son nueve euros con cuarenta.
—Aquí tiene diez. Quédese con el cambio.
Irene corre al andén. Sube al tren un minuto antes de la salida.