Hoy es un día especial: mi abuela Rosario cumple ochenta años. Toda la familia está en su casa, en un pueblo cerca de Córdoba. Somos veinticinco personas: hijos, nietos, primos y tíos. Mi tía Pilar viene de Barcelona y mi primo David de Londres.
La casa está llena de flores y globos. En el patio hay una mesa muy larga. Comemos salmorejo, tortilla de patatas, jamón, croquetas y pescado frito. Todo está buenísimo.
A las seis llega la tarta. Es de chocolate y tiene ochenta velas... ¡bueno, solo ocho! Cantamos «Cumpleaños feliz» y la abuela sopla las velas. Después abre los regalos: un libro, un pañuelo de seda y un álbum con fotos de toda su vida.
La abuela mira las fotos y llora de alegría. «Gracias a todos», dice. «Tengo la mejor familia del mundo.»